Ahí empezó el derrotero de buscarlo, porque no sabíamos nada, nadie nos atendía. Yo pedí que se llevaran a mis hijas de mi casa porque sentía que algo había pasado. En el Consulado no tenían información de argentinos involucrados en el atentado en ese momento. Yo tenía la ilusión de que le estaban salvando la vida en un quirófano y como lo habían atendido de urgencia no había registro, por eso no me podían informar nada. Y fueron unas cinco horas, más o menos, agónicas, hasta que me llamaron y me confirmaron que se trataba de un ataque terrorista, me nombraban los cinco que estaban vivos, me informaron que falleció uno de los amigos. Me acuerdo de que me decían que faltaban cuatro, entre los que estaba mi esposo, y no podía creer que nadie me dijera nada, hasta que me confirmaron que había fallecido.