Apenas conocido el alcance del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio, surgieron interrogantes acerca de la manera en que las personas mayores podrían sobrellevar la falta de contacto con sus afectos, o las niñas y niños la ausencia de socialización con sus pares. O cómo sería posible la convivencia en entornos familiares conflictivos o directamente violentos. La urgencia, por entonces, fue preservar a la población de un virus cuyo comportamiento era desconocido pero sus efectos podían ser graves. Con el tiempo, se puso el foco en un aspecto que había quedado en segundo plano: la salud mental, y su atención fue incluida entre las actividades esenciales.


































