Una cirugía programada, un examen prequirúrgico y un diagnóstico inesperado: VIH positivo. La vida de Pedro, con 21 años por entonces, se conmocionó. Primero fue la sorpresa, luego el llanto, el miedo (por él pero sobre todo por su familia) y casi al mismo tiempo la contención y el acompañamiento médico. Todo para recibir el tratamiento adecuado en el momento justo y alcanzar un nivel de virus indetectable apenas unas semanas después. "Indetectable quiere decir que no puedo transmitir el virus y que puedo tener relaciones sexuales seguras y sin riesgo".




































