Poco se conocía un año atrás del nuevo coronavirus, de la forma en que impactaría en el país y la región, de cuántas personas se contagiarían, de cómo sería la demanda del recurso sanitario. Pero se seguía con atención lo que pasaba del otro lado del océano y en el hemisferio norte, desde donde las noticias llegaban amplificadas con imágenes de agotamiento y desesperación, mientras nada parecía alcanzar para controlar la propagación de la enfermedad.

































