* Viernes a la noche. Final del partido ante Sarmiento. Silbidos e insultos para todos, más el clamor popular que se dejó escuchar bien fuerte: "... Si no ganan el domingo, qué quilombo se va a armar", fue la reacción de la gente. Nadie escapó a la reprobación del hincha. El día anterior a ese partido, el presidente Vignatti había salido a respaldar al técnico en aquéllas declaraciones públicas que formuló para LT 9 con el colega Adrián Brodsky. El pretendido golpe de efecto, a favor del técnico, no se dio. En la cancha se repitió lo que ya adelantamos después de la derrota en Mendoza: "Saralegui quiere lo que en la cancha no se vé", dijimos desde la tierra del sol y el buen vino. Con la derrota y el clima espeso consumados, "llegó el momento de cambiar", pensaron varios. O casi todos los dirigentes. ¿De qué manera debía materializarse?, con la renuncia del DT. Lejos de manifestarla, Saralegui ni siquiera dejó entrever la posibilidad del paso al costado y habló de utilizar "una última bala". Como si fuera poco, tiró una frase tan llamativa como curiosa: "Quiero irme en ganador".