Si se habla de sentido de pertenencia, nadie mejor que Emanuel Brítez. Al menos, en los últimos tiempos, uno de esos jugadores "emblema", típico caso del jugador-hincha que dejó todo en la cancha cada vez que entró a defender sus amados colores rojiblancos -a veces cometiendo excesos que luego fue subsanando en el lógico proceso de maduración-, que dejó a su querido Unión en la A antes de irse y que luego anduvo por Independiente, Rosario Central y Defensa y Justicia, pero siempre con el corazón puesto en Unión.



































