“Flaquito, si usted me hace caso, termina jugando en las selección, ¿me entendió?”. Corría el mes de febrero, miércoles o jueves a la noche, mucho calor en Santa Fe. Amistoso nocturno. Cancha de Unión. El Toto Lorenzo presentaba en el ’75 aquélla constelación de figuras. No entraba un alfiler en la cancha. La gente se callaba para escuchar al Loco Gatti gritar el nombre del compañero al que iba dirigida la pelota y se la ponía en el pecho o en el empeine de su pie. Del silencio sepulcral se pasaba al delirio. La frase de arriba pertenece al Toto. Y el “flaquito” era Leopoldo Jacinto Luque. Esa noche jugó porque el avión que traía a Victorio Nicolás Cocco salió tarde de Buenos Aires. “Maestro, no llego”, dijo Victorio. Y Lorenzo, que había traido a Marasco y a Oscar Víctor Trossero a jugar de “9”, lo puso a Leopoldo. Hizo dos goles, fue la figura y el Toto se metió en la cancha y lo encaró para decirle lo que le dijo. A los pocos días, contra Atlanta en el debut en la A, armó la delantera con Mastrángelo, Leopoldo de “9” y Tojo. El Toto había llegado con la idea de “limpiar” buena parte del plantel que había ascendido. Leopoldo era un buen jugador pero muchas veces perdía el mano a mano con Benito Valencia en aquél equipo. Pero en Primera explotó.

































