Sanfilippo, Bianchi, el Lobo Fischer, Pinino Más, Artime. Vaya a saber en quién pensaba Fernando Alí en aquella niñez en San Juan. Quizás ni en sus sueños más optimistas se le habrá cruzado que iba a encontrar su lugar en el mundo en Santa Fe. Quería ser jugador de fútbol, quería hacer goles, quería jugar en Primera, pero estaba allá lejos. Algo tenía que pasar en su vida, un golpe de suerte, una mueca del destino. Y llegó. El destino de gloria se apoderó de ese chiquilín que sorprendía por su rapidez, por su coraje y por su viveza. Se iniciaba un camino que no iba a ser muy largo hasta echar raíces eternas e irrompibles en Santa Fe.

































