"Trajimos 300 goles", dijo Gustavo Munúa hace poco más de un año cuando hablaba de Leo Ramos y Jonathan Alvez. Objetivamente, tenía razón. Esa cantidad -quizás algunos más- eran los antecedentes de los dos "9" que buscaron (junto a la secretaría técnica) para darle un salto de calidad a un plantel que se preparaba para jugar la Sudamericana. Ramos no anduvo nunca. Alvez sí, hasta que las lesiones lo fueron marginando de todo, hasta de los esperados goles.


































