Cuando el fuego se apaga y el agua vuelve a inundar los humedales, el peligro no necesariamente termina. Por el contrario, recién puede empezar. Esa es una de las conclusiones a la que arribó una investigación científica liderada por especialistas del Conicet y de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), que demostró que los suelos de humedales quemados de forma reiterada liberan toxinas capaces de provocar una alta mortalidad en organismos acuáticos.



































