"No se puede", "está prohibido", "es un peligro", "se recuerda a la población que no se debe...". Los llamados de atención y las advertencias sobre el riesgo cierto de transitar sobre el lecho de la laguna Setúbal se repiten en muchos títulos y con todos los adjetivos desde que la bajante dejó expuesta la superficie antes cubierta por agua. No obstante, la postal que se observa desde uno y otro lado contradice todo aviso.

































