De 9 salones, solamente 3 tienen una estufa eléctrica. Los demás nada. A eso se le suma una cruel realidad: gran parte del alumnado asiste con una remera -con suerte de mangas largas-, un buzo arriba, un pantalón y zapatillas. Las medias, los gorros, las bufandas y las camperas abrigadas parecen ser una utopía, algo inalcanzable para niños de entre 6 y 12 años que solo quieren aprender.
































