Por más inverosímil que resulte por estos tiempos, hace medio siglo atrás se presentó una idea para incrementar las vías de ingreso y egreso a la ciudad de Santa Fe. Aún no existía el Puente Oroño y el Colgante contaba sobre sus espaldas con más de 30 años. El crecimiento poblacional y, en consecuencia, del tránsito liviano, mediano y pesado hacía necesario “darle una mano” al puente inaugurado en 1928.

































