“En el arte no hay malos motivos, hay motivos mal empleados”. Que Raúl Soldi sea un pintor argentino cuyo nombre resuena con fuerza cuando se repasa la historia del arte de Argentina y América Latina no es casual, sobre todo si se considera a la infancia como el terreno fértil en el cual las vocaciones echan raíces. Es que, señalan las biografías, su primer hogar familiar estaba ubicado muy cerca del teatro Politeama, en la porteña Avenida Corrientes. El pequeño Soldi iba con frecuencia a ver espectáculos allí en las primeras décadas del siglo pasado y a partir de esa influencia se dedicaba a armar escenarios de títeres, donde montaba sus propias obras de teatro.


































