En un Draft cargado de talento y proyección, la NBA volvió a dejar un mensaje claro: no alcanza con saber jugar. La clase 2025, repleta de jóvenes que podrían ser estrellas dentro de dos o tres temporadas, no marcó diferencias en lo físico ni el hype (quitando a la #1 pick), sino el carácter. Cooper Flagg, Dylan Harper y V.J. Edgecombe entendieron eso desde el día uno. Ace Bailey, no tanto.

































