El inversor argentino se convenció -finalmente- de que su problema, el que le genera noches de insomnio, no es el dólar sino el peso. Hay una cuestión principal a mirar detenidamente: el rechazo de los argentinos a la divisa nacional. La conclusión es categórica: Nadie quiere pesos. Y hay razones que lo podrían justificar: el peso argentino es la moneda que más se devaluó en la región durante la pandemia por el Covid-19. Y que nuestra moneda pierda valor frente al dólar de forma constante no es ni siquiera algo que nos sorprenda.


































