Desde hace un tiempo la educación viene sufriendo cambios importantes. Estas transformaciones se presentan como propuestas que benefician a los estudiantes y a los equipos docentes, que habilitan nuevos modos de pensar la práctica educativa, que generan una democratización del saber y que respetan la trayectoria de todos los sujetos de la educación. Nadie podría dudar de semejantes postulados, donde la educación se presenta como un derecho de todos. Entonces nos preguntamos; ¿cómo son las realidades actuales de las escuelas?, ¿en qué situación están los edificios escolares?, ¿con qué equipos docentes cuentan las instituciones?, ¿en qué condiciones llegan los estudiantes?, ¿cuál es la capacitación que reciben los equipos docentes para concretar las políticas ministeriales en el aula?, ¿cómo acompañan las familias? y así nos podríamos llenar de miles de preguntas y un gran vacío de respuestas que ponen en jaque estos postulados.