A fines de los ‘50, ante la creciente competencia de la televisión, los estudios de Hollywood debieron desarrollar productos con valor agregado, que fueran capaces de atraer a un público cada vez más disperso. Bajo esa premisa, empezaron a apostar con mayor frecuencia a las superproducciones, en general basadas en temáticas históricas, modalidad que se proyectó hasta bien entrados los ‘60. De esta época datan obras como “Ben Hur”, “Cleopatra” y “Lawrence de Arabia”, que sobresalen por su espectacularidad.



































