-A todos nos han pasado un montón de cosas feas, tristes, problemáticas, de postergaciones y traumas en la pandemia. Lo que también trajo es que estuvimos todos atravesados horizontalmente por un mal. Dicho esto, siendo nosotros una banda acostumbrada a hacer como mínimo 60 conciertos anuales, fue difícil no vernos las caras diariamente. En estos últimos 27 años, vivimos de gira. Mi hijo más chico, al segundo mes de verme en casa, preguntó si yo vivía ahí (risas). Pero con la banda no cortamos nunca nuestros vínculos telefónicos ni digitales, hasta que pudimos juntarnos de nuevo con protocolos en la sala de ensayos. Hicimos un streaming que estuvo buenísimo, pero tengo que reconocer que para el ego personal no tener la devolución inmediata del público es algo muy raro. Yo me subo al escenario desde que tengo 3 o 4 años de edad y es justamente lo que me llevó a hacer música. Ese ver en los ojos de las personas que les llegó algo, que les hiciste compañía. En el momento del streaming, ese silencio del final es raro. Pero bueno, ahora nos estamos encontrando de a poco, vemos mucha necesidad en la gente de salir, expresarse, juntarse. Estuvimos tocando en algunos lugares y las ganas de compartir son muchas, por eso esperamos poder estar ahí para hacerles compañía en esta vida, que es lo que venimos a hacer los músicos.