El cerebro humano está diseñado para buscar la armonía absoluta y cada una de sus neuronas tiene un ritmo. Esto hizo que, desde el origen, la gente actuase de una manera organizada. El caos no convence y, sin que la persona ni siquiera se dé cuenta, el cerebro sublima errores y trata de alcanzar, cueste lo que cueste, la sincronía. Por eso, al mirar un espectáculo de danza, el público siente cierta alegría.




































