Italia es una república desde hace 75 años y no reconoce ningún tipo de título nobiliario ni tratamiento dinástico. La relación con la monarquía fue tan ardua, sobre todo en sus últimos años, por su connivencia con la dictadura de Benito Mussolini, que una hipotética vuelta de los reyes nunca ha estado siquiera en la agenda pública. Pero la familia Saboya, a la que pertenecieron los últimos reyes del país transalpino, sigue conservando su apego por el trono, ahora ficticio, y mantiene los abolengos, aunque solo sean válidos a nivel interno.

































