El contexto del país no ayuda a la calma. En los últimos meses, han llegado dos huracanes seguidos, ha subido el gas, la gasolina y los alimentos más básicos y, desde hace años, Honduras es una máquina de expulsar caravanas de jóvenes hacia Estados Unidos. Si nada lo remedia, el año terminará con 700.000 nuevos pobres, según el Banco Mundial. En los últimos meses, el nombre del presidente, Juan Orlando Hernández, ha sido citado en una corte de Nueva York vinculado a los cárteles de la droga y Asfura, el candidato de su partido, apareció en los Pandora Papers. El tercer aspirante, Yani Rosenthal, hace campaña en el Partido Libeal después de tres años encarcelado en Estados Unidos por lavado de dinero. Vinculado a una de las familias más poderosas del país, los Rosenthal, su campaña ha estado centrada en convencer a los votantes de que conoce el sufrimiento y las necesidades del pueblo desde abajo ahora que ha pasado por la cárcel. Más que motivos, los hondureños parecen tener razones para la indignación.