Dormir mal se ha convertido en un problema común para millones de personas. A menudo se atribuye al estrés, a la tecnología o a una mala alimentación. Sin embargo, hay un factor que suele pasar desapercibido: el propio hogar. Detalles como la iluminación, la temperatura, el ruido e incluso los colores de las paredes pueden estar afectando negativamente la calidad de tu descanso.

































