Durante mucho tiempo, hacerse las uñas fue considerado un detalle estético menor. Sin embargo, en los últimos años esta práctica ganó un nuevo significado y se consolidó como un ritual de bienestar. Mantener las manos prolijas, elegir colores, texturas o diseños y dedicar un momento al cuidado personal se transformó en una experiencia que impacta de manera positiva en el estado de ánimo.

































