La poesía fue para Alejandra Pizarnik su única razón de ser. Solo en ella encontró algún sentido, fuera de la escritura nada era y así lo expresó: "Escribes poemas/ porque necesitas/ un lugar/ en donde sea lo que no es". En sus versos hay un rasgo paradójicamente vital, la belleza. Pero lo bello convive con la búsqueda de lo absoluto, la angustia, la noche, la muerte y otros asuntos que transitan siempre una senda oscura. Todo queda circunscripto al poema y fuera de la vida, con marcado desapego a ella. Y, a su vez, en esos límites tuvo su hábitat la propia Pizarnik, al concebir su existencia como escritora para vivir únicamente dentro de su obra. Fuera de la escritura, tan sólo sobrevivió 36 años.




































