Pongo en mi mano un puñado de arroz. Mano/cuenco, pienso. A veces, la mano es solidaria, y da. Ayuda a soportar el esfuerzo o brinda una caricia. En esta ocasión recibe los granos, se identifica con su sencilla dimensión, con el misterio ancestral acumulado en siglos de cultivo que residen dentro de su apariencia opaca. La leche está humeando en el cazo. Le agrego el arroz en forma de lluvia. Advierto el sonido que hace al caer, la discreta vibración del líquido.


































