Se acerca el fin de la pandemia, el fin de la tercera (para algunos cuarta) guerra mundial. Escucho, se viene sosteniendo, que existen diferencias significativas con las conflagraciones pero, a efectos de este análisis, vale señalar que las consecuencias revolucionarias del orden anterior las terminan emparentando. Por caso muchas, muchísimas familias de aquí en más deberán cargar con pérdidas tan dolorosas como injustas y sorpresivas y, en simultáneo, pocos, muy pocos se verán impúdicamente favorecidos. Es que, como bien se sabe, el miedo duele, pero en paralelo enriquece. Antes los fabricantes de armas, ahora los de medicamentos.