La noche lentamente va escondiendo el brillo de sus constelaciones. El sueño ha desaparecido misteriosamente. Dejo a mi hija dormida en los brazos de su padre y me levanto a tomar unos mates. Esta mañana de domingo tiene una frescura exquisita. La alegría de los pájaros estalla en la luminosidad del cielo. Con mi termo rojo bajo el brazo salgo a caminar por el sendero polvoriento y florido. Este será un verano seco en la comarca. Las matas de retama perfuman mi mirada con sus amarillas estridencias mientras los pañiles aun no se atreven a mostrar sus colmenares naranjas.



































