Termino mi infusión caliente. La porcelana concentra el calor de mis manos y el rastro líquido que reposa en el fondo del recipiente tiene augurios de jabón mezclándose con el aroma a hierbas. Hoy ando con lágrimas revoloteándome en los ojos como mariposas hipnotizadas por la lumbre, con ganas de abrazar a alguien que está demasiado lejos, con la premura de templar mi humor que por momentos se acopla a la rudeza de la Patagonia, y se torna solitario y agreste.


































