De chiquito, cuando sufría bullying en la escuela y violencia de sus propios padres, lo apodaban “el loco”; de grande también. Para la casta -que en su concepción incluye mayoritariamente a los políticos, pero también a sindicalistas, empresarios, periodistas y muchos más- era un bufón, un payaso. Minimizaron sus ideas, se rieron de sus formas grotescas y disruptivas y siguieron enredados en sus propias internas, mirándose el ombligo. Él los provoca: “La casta tiene miedo”, cantan sus seguidores. “Tiene miedo porque conmigo se terminaron sus privilegios”, redobla en candidato.