Ma. Luciana Bertucci Zanin | lucianaberzanin@hotmail.com
Julio Migno ha diseñado una literatura que resulta musical porque eligió el verso para contar historias tomadas de su terruño y esa característica constitutiva, la hizo apta de apropiación por parte del cancionero.

Ma. Luciana Bertucci Zanin | lucianaberzanin@hotmail.com
Un 5 de diciembre del año 1993 fallece en Santa Fe el escritor Julio Migno, nacido en San Javier, localidad costera del norte santafesino, en 1915. Su figura suele asociarse con la canción popular santafesina ya que la primera difusión de su obra fue oral, a través del recitado del propio autor (en escenarios y programas radiales santafesinos) y después, por medio de la música folklórica. Julio Migno ha diseñado una literatura que resulta musical porque eligió el verso para contar historias tomadas de su terruño y esa característica constitutiva, la hizo apta de apropiación por parte del cancionero; de manera que buena parte de su obra terminó convertida en letras que se difundieron rápida y ampliamente. Como es natural y como ha sucedido con los grandes poetas, las canciones resultantes comenzaron a tomar vuelo y vida propia hasta llegar a la actualidad, de modo que los temas popularmente conocidos muchas veces pierden la relación o identificación con la fuente u obra literaria mayor a la cual pertenecen. “Chasque para la costa” o “Si tenés cachorro” no son propiamente letras sino que se trata, en su origen, de dos fragmentos tomados de la obra
tambora y violín,
tambora y violín...
tarará corriendo shipiac,
comiendo amanic,
comiendo aman..
Costa... Costa..., Libertad...
(...)
Y flor de sangre prendió
en la guitarra el ceibal.
Silencio... llanto y lamento
del Paraná con el viento
que se ha largao... a cantar.
dormida sobre su río
florcita de amor en l’agua.
vinchan su frente morena,
y al descolgarse el jinete
del sol, en la tarde muerta,
bronce con bronce se funden
el Chira y doña Mamerta.
y era un canto hecho cruz sobre los pastos
estaquiao a cien picos contra el suelo;
con dos calandrias que tomaban agua
dende los charcos de sus ojos güenos;
con yuntas de torcazas que buscaban
la miel del corazón abriendo el pecho,
y con enjambre camatá en los labios
buscando flores de canción y acentos;
moreno que “nació” cuando “la noche se le jué encima”, “tamplao justito” “para décimas y misterios”. Un payador de raza que “tenía rosas y estrellas en la punta de los dedos” porque había heredado la sangre “de contrapunto” desde Martín Fierro pero que era “manso”, “triste”, “sufrido” y bueno:
San Baltasar que en enero,
le enllena de cascabeles
las almas a los morenos.
Julio Migno ha diseñado una literatura que resulta musical porque eligió el verso para contar historias tomadas de su terruño y esa característica constitutiva, la hizo apta de apropiación por parte del cancionero; de manera que buena parte de su obra terminó convertida en letras que se difundieron rápida y ampliamente.
Como hombre atento y sensible que era, quiso poetizar la forma de vivir, las penas, las humillaciones, el sometimiento, la pobreza, así como las pequeñas alegrías y esperanzas de hombres y mujeres del pueblo de su infancia.
(*) Profesora en Letras. Maestría en Literatura Argentina, Facultad de Humanidades y Artes, UNR




