—Soy ingeniera química de la Universidad Tecnológica Nacional de Avellaneda. Comencé a trabajar en la industria petroquímica, después pasé a la construcción y siempre tenía ese interés sobre energías renovables y, en particular, sobre energía solar. Lo que más me atrapó al principio fue la parte química de la energía solar. Apliqué a una beca del Bicentenario, para una maestría en la UTN sobre renovables. Empecé a trabajar en la empresa haciendo trabajos chiquitos y después apliqué en una beca Fulbright para hacer otra maestría en solar en Estados Unidos. Y empecé a involucrarme más en la parte eléctrica aunque mi expertise era el mundo de interconecciones. Desde allí empecé a trabajar para México, donde el mercado de repente hizo “boom” y hubo mucha demanda. Generalmente en estos mercados hay muchas empresas globales que trabajan donde hay mercado: hoy es México, mañana es Argentina, Chile, Brasil. Y van moviendo ese conocimiento por el mundo.