- A lo mejor el radicalismo sigue siendo un partido, aún con divisiones. Pero el resto en realidad son fuerzas constituidas por sectores fuertemente enfrentados. Entonces, una vez que se establece una hegemonía (pensemos en el peronismo, el caso del kirchnerismo en el Senado), no hay posibilidades de deliberación. Cosa que, como dijimos, pasa en el mundo, como consecuencia de la decadencia del papel de la palabra, que es correlativa a su vez con esta crisis de la verdad, a este advenimiento de la posverdad. Entonces, en ese régimen de altísimo contenido emocional y discrecionalidad, aterrizan las cuestiones de la mayoría. Y puede toparse con una minoría que, bajo ningún concepto y por ninguna razón, está dispuesta a aceptar algo que permita progresar lo que impulsa la mayoría. Podrá encontrar los mejores candidatos, trascendentes a la política, y aún así la minoría no le va a dar los votos, ni va a permitir desbloquear la institucionalidad. En consecuencia, el gobierno no va a buscar ese tipo de candidatos. Va a proponer gente que exacerba el extremismo, y sus concepciones y sus ideas, con perfiles altísimamente partidarios o sectarios. Entonces, como no hay esperanza de que me aprueben para la Corte una mujer con alta capacidad y experiencia, que las hay de sobra, voy a mandar una líder de tal o cual sector sociocultural, o que exprese de una manera extrema las ideas que yo promuevo. Y el campo de las instituciones se convierte en un escenario más de la espectacularización de la política.