En los días previos a la subasta y durante la habitual "exhibición" de bienes, unas treinta personas participaron de dicha instancia cuando se trató de "mostrar" los rodados. En cambio, un pequeño puñado de interesados – entre cinco y seis- asistieron para verificar los inmuebles. El número fue igualmente valorado por los funcionarios responsables de organizar el evento. Es que suelen ser éstas las propiedades que generan más recelo a la hora de la subasta por el valor simbólico indeleble que conllevan teniendo en cuenta su origen. Por esa causal, las primeras subastas de inmuebles quedaron desiertas. Las últimas, en cambio, contaron con interesados de diferentes puntos del país que terminaron comprando las propiedades a precios que se ubicaban muy por debajo de los valores de mercado. "Ya hemos vendido dos inmuebles en subastas anteriores, y no ha habido ningún tipo de represalia", tranquilizó Besson.