El salón Libertador del Palacio San Martín estaba en un silencio sepultural mientras la mayoría de los presentes hacía alguna reverencia o movimiento de aprobación con frecuencia. En el atril sólo había dos personas encabezando el encuentro de todos los diplomáticos argentinos, en su día. Uno era Santiago Cafiero, como canciller. El segundo, y en pleno uso de la palabra, era el embajador Gustavo Zlauvinen, presidente de la Asociación Profesional del Servicio Exterior de la Nación. El distinguido diplomático argentino y presidente de la X conferencia de revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear de la ONU aprovechó la ocasión para ponderar la labor del recurso humano de la diplomacia nacional y reclamar un acompañamiento del resto de los factores que esté a la altura de esa capacidad.



































