Lo que más se restringió fue la vida de noche en el espacio público en la Cuna de la Bandera. Es decir, en el horario de 20 a 6. Eso llevó a una configuración distinta del paisaje nocturno de la ciudad en su conjunto. Tanto en los barrios como en el centro. La cantidad de peatones y vehículos en circulación cayó drásticamente. Este panorama hizo parecerse al de otros países con climas más fríos y vida nocturna más reducida. María José Chena, socióloga, docente de Teoría Social de Comunicación Periodística de la UCA, aseguró: “Al iniciar la pandemia, cuando la cuarentena era cerrada, me refiero al ASPO, uno podía ver el retiro total de los ciudadanos del espacio público, durante todo el día. Vida diurna y nocturna. Se veía muy poca gente por las calles y quien se encontraba transitando, lo hacía obligado por la necesidad de ir de un lugar a otro. Es decir, el espacio público no era un lugar en el cual estar, quedarse, disfrutar. Sin embargo, a medida que las regulaciones se fueron flexibilizando esto cambió, sobre todo en la vida diurna. Con ciertos cuidados que antes no existían y que todos conocemos, la población volvió a apropiarse del espacio público durante el día”.