Se dedicaban a prestar dinero por el que cobraban tasas e intereses desproporcionados o exigían garantías de carácter extorsivo. Quienes no pagaban eran víctimas del hostigamiento diario o semanal, que comenzaba con mensajes o llamadas telefónicas de una inusitada violencia verbal, que era seguida por actos de violencia física en los que hasta se exhibían armas de fuego. Los destinatarios eran, por lo general, pequeños propietarios o comerciantes.































