"Mire Ricardo, yo le pido el mayor sacrificio de su vida, que dirija a Colón solamente 13 partidos, que lo ascienda, que viva su fiesta, se vuelva hincha sabalero y después regrese a Caballito y atienda las fábricas de muebles de arte que usted dirige, y a su familia", fue el pedido, casi un ruego de Italo Pedro Giménez, al joven director técnico porteño, Ricardo Rodolfo Aráuz.



































