"Marcelo, venite a Santa Fe a darnos una mano en estos seis partidos que faltan". Palabras más, palabras menos, esa frase sonó en el teléfono celular de Marcelo Saralegui en la noche de Montevideo, aquél lunes de la derrota por 4 a 0 ante Argentinos Juniors a puertas cerradas. "Chupete" Marini quería tener un partido más, se sentía aún con energías para revertir la situación y así lo expresó en la conferencia de prensa luego de ese partido. Los dirigentes buscaron descomprimir la situación. Pensaron en Sciacqua, pero Mario entendió que no era lo lógico, que su función para la que había sido convocado por el club no era para dirigir sino para ser el secretario deportivo. A alguien se le ocurrió llamar a Saralegui. Al día siguiente, el uruguayo llegaba a Santa Fe para reunirse con la dirigencia, conocer a los jugadores (siempre estuvo al tanto e informado de lo que pasaba en Colón) y dirigirlos contra Estudiantes. Dos prácticas, viaje a La Plata y una actuación estupenda (la mejor del campeonato) contra el equipo de Ricardo Zielinski, motivando su salida definitiva de la institución.


































