Que Nazareno Arasa no haya visto o haya ignorado el claro penal que le cometió Herrera a García, cuando se jugaban 25 minutos del segundo tiempo y el partido ya estaba 2 a 1, es clave y determinante. No sólo porque la victoria cordobesa fue por la mínima diferencia, sino porque el trámite y la cantidad de situaciones fueron suficientes para evitar una caída injusta. La única virtud que tuvo Talleres fue el de la eficacia. Llegó dos veces al área de Unión y convirtió dos goles. No tuvo más situaciones. En cambio, lo de Unión fue diferente. Hizo el gasto del partido, acumuló méritos suficientes pero falló en la definición. Y fue visiblemente perjudicado en esa jugada en la que se observó claramente una infracción en perjuicio de García que privó a Unión de contar con una chance ideal para empatar el partido, como hubiese sido un penal.


































