Corría el año 1895 en Santa Fe. En aquella lejana ciudad, de la cual ya nadie se acuerda, los ranchos con techos de paja estaban prohibidos, las calles adoquinadas eran un lujo de época -el resto eran de tierra-, había carros tirados a caballos, “Casas de Tolerancia” (prostíbulos) estrictamente regulados y farolas a kerosén para iluminar la noche.


































