“En este barrio, que es reliquia del pasado”, dice la letra de una vieja canción. Algo de eso se siente al entrar al distrito La Guardia: un barrio de casitas bajas y humildes, hechas la mayoría con ladrillos huecos, de calles de tierra y arena, de una parroquia y una escuela. Nada de esa postal costumbrista y cotidiana quita el encanto visual de lo simple. Y claro: también se respira puro presente.



































