-Lo que pasa es que hay pocos profesionales formados en altas capacidades en el país, la mayoría en Buenos Aires y de la Universidad de Córdoba, en el área de Neuropsicología. Entonces vos podés hacer una evaluación integral pero cuando te encontrás con indicadores que no sabés a qué pertenecen, terminás metiéndolos en el cajoncito que más entran. Entonces, se los confunde con alguna condición del espectro autista o atencional, porque son chicos que prestan atención a lo que realmente los motiva y, a lo que no, directamente ni lo atienden. Estas confusiones diagnósticas llevan a que el profesional que nunca escuchó hablar de altas capacidades, tenga una enorme confusión: se encuentra con estos chicos y no sabe a qué conclusión llegar. Más allá de eso, no haría falta tampoco poner en un diagnóstico que tiene altas capacidades, como si fuera una etiqueta. La evaluación a lo que apunta es a que tanto la familia como la escuela sepan cómo acompañar a esa niña, niño o adolescente para que pueda desarrollarse de la mejor manera posible.