Audios que circulan entre grupos de WhatsApp, con testimonios de parientes de conocidos (todos desconocidos para los destinatarios); propaladores del caos o del descreimiento; una maraña de información en la que se confunden la ficción con lo posible, las soluciones mágicas con la ciencia y las proyecciones vagas con las certezas. Y en medio de la confusión, que nunca ayuda y siempre distrae, un mensaje preciso, unívoco y consensuado. Esa es la base de la comunicación de riesgos o, al menos, una de sus aristas. La otra es la exposición clara de las acciones colectivas que serán necesarias para hacer frente a una amenaza que, por estos tiempos, es mundial y tiene nombre propio: Covid-19.




































