Aunque la pasión por el arte está impresa en su ADN (su abuelo pintaba óleos, su padre también) la vocación terminó de ceñirse sobre Gustavo Pueyo cuando tenía 50 años. Arrancó por la acuarela y tomó como primer insumo el paisaje urbano de Santa Fe, que se convirtió en uno de sus sellos. La ciudad, su arquitectura, sus calles, sus puntos emblemáticos y sus entornos naturales “laten” en sus obras.



































