En el mismo sentido se expresó el ingeniero Claudio Bosco. "Nos jugamos una fija de que algo iba a llover y no llovió nada", dijo, tras explicar que "aunque era errático el milimetraje pronosticado, sí estaba muy firme la probabilidad de lluvias". Por ese motivo muchos en la región decidieron fertilizar trigos, cebadas o lotes de verdeos en los tambos, y hubo "mucha urea aplicada". Si bien la humedad puede haberla disuelto, no alcanza para que penetre en el suelo. "El grano, como si fuese sal, dejó de estar arriba del suelo; pero sigue estando en la superficie, lejos de las raíces", aclaró. Con el agravante de que se transforma en gas amoníaco y se pierde por volatilización. "Si bien en invierno no es tan importante, se produce igual", dijo Bosco, que agregó: "también hay otra pérdida: que es el potencial de rinde que se resigna por llegar tarde con la nutrición".