José Luis Pagés Un disparo de revólver terminó con la vida de una joven mujer. Sabrina Beatriz Silva fue alcanzada por un disparo en la frente cuando se encontraba en su casa de calle Gaboto al 1900. Sabrina, quien contaba con 20 años de edad, fue llevada al hospital José María Cullen por su propio compañero, pero cuando su ingreso quedó registrado en los libros del nosocomio, había dejado de existir. Miguel Angel Dupont, de 24 años, cargó a su mujer herida en un remís, mientras explicaba a todos -también a la madre de la víctima-, que el proyectil había llegado de la calle donde, armas en mano, se habían enfrentado dos patotas de la zona oeste. Supuestamente Sabrina amamantaba a su bebé cuando se desplomó herida de muerte. Dupont habría sostenido, además, que los disparos se escucharon en momentos que regresaba al hogar junto con un grupo de amigos, con quienes había jugado un partido de fútbol. En principio esta versión que hablaba de una bala perdida fue aceptada por todos cuantos la escucharon, incluso por la madre de la infortunada muchacha, pero la impresión que se llevaron del vecindario los policías que acudieron al lugar del hecho, fue otra, distinta. Nadie entre los muchos vecinos que tomaban fresco en la vereda dijo saber de un tiroteo a las 20,30 y sólo algunos aceptaron haber escuchado a esa hora un estampido que atribuyeron al estallido de un petardo. Los hechos fueron pensados de otro modo y los agentes de la Sección Homicidios profundizaron la investigación y revisaron los dichos de Dupont, encontrando algunas contradicciones. Luego, algunas horas después Dupont modificaría su relato de los hechos y finalmente aceptaría haber sido él quien accionó un revólver -por hacer una broma-, ignorando que estaba en condiciones de uso y con balas en el tambor. Presuntamente Dupont que había regresado del fútbol junto con un grupo de amigos entró con ellos a la casa y entonces se suscitó un altercado. Qué pasó entonces es algo que dirá la Justicia, porque esos amigos desaparecieron y con ellos también desapareció el arma homicida. Lo cierto es que la muerte de esta joven madre no fue -como pretendía Dupont-, el resultado fatal de un enfrentamiento entre patotas sino del disparo con el cual -en broma o en serio-, él mismo le habría acertado, entre ceja y ceja. Mientras este caso es investigado por la Sección Homicidios de la URI las actuaciones sumarias que serán elevadas a la justicia se instruyen en la Seccional 2a. de policía.





























