Shlomo Lerman falleció en junio de 2002. Jamás le contó a su familia las circunstancias que lo llevaron a dejar su Polonia natal ni les explicó como el Holocausto lo había obligado a separarse de sus seres queridos. Veinte años después de su partida y tras una minuciosa investigación, su nieta Adriana Lerman publicó a través de Editorial El Ateneo el libro “El dolor de estar vivo”, que reconstruye a través de cartas, fotos y documentos esa crónica de los tiempos del nazismo que su abuelo judío no fue capaz de verbalizar. Que tiene que ver con el desarraigo, la pérdida y la angustia. Pero también con la esperanza, el encuentro y el amor por la familia.



































