La Academia lo nominó ocho veces, pero fue en 1943 cuando se quedó con el Oscar por el cortometraje El rostro del Führer, que encendió la polémica. En el film, Donald tiene una pesadilla: debe trabajar en una fábrica nazi donde además de colocar espoletas en proyectiles, debe hacer el saludo nazi. El trabajo para Donald se hace cada vez más pesado y sus superiores lo denigran, lo golpean y lo maltratan. Por fin, logra despertarse y envuelto en un pijama con los colores de la bandera de Estados Unidos, se abraza a una réplica de la Estatua de la Libertad que se posa sobre el marco de la ventana. Se siente "orgulloso -y aliviado- de ser un ciudadano de los Estados Unidos de América". Al final, un tomatazo explota sobre la caricatura de Adolf Hitler y con el jugo rojo se escribe The End. Gráfico.