Josefina Meza llegó la noche del 30 de mayo de 2018 a la sala de urgencias del Hospital Metropolitano de Managua para conocer el estado de su hijo, Jonathan Morazán Meza, de 21 años y estudiante de Diseño Gráfico. El joven había sido herido en la represión de la llamada Marcha de las Madres, una manifestación en homenaje a las mujeres que perdieron a sus hijos en las protestas que desde abril exigían el fin del mandato del presidente Daniel Ortega. A Josefina los médicos le informaron de que Jonathan había fallecido a causa de un impacto de bala en la cabeza. El asesinato nunca fue investigado ni esclarecido, aunque la mujer apunta al régimen de Ortega: “A mí hijo lo asesinaron los paramilitares de Ortega. Fue un francotirador”. Dos años después de aquel hecho que dejó ocho manifestantes muertos, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), tras analizar miles de vídeos, fotografías y sonidos reunidos como datos por expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), arroja nuevas pruebas que demuestran la responsabilidad del Estado en aquella matanza, uno de los capítulos más oscuros de la represión contra las manifestaciones en Nicaragua, que ha dejado 328 muertos y más de 88.000 exiliados.


































